domingo, 3 de febrero de 2013

Dos manga de Taniguchi: comer, beber, amar

Quería hablaros de los dos últimos manga que he leído de Jiro Taniguchi, un autor que puedo afirmar ya que es mi favorito dentro del género y que me sorprende y encanta en cada una de las obras que me llegan de él. En este caso son: "El gourmet solitario" escrito en colaboración con Masayuri Kusumi (editorial Astiberri) y los dos tomos de "Los años dulces", adaptación de la novela de Hiromi Kawakami "El cielo es azul, la tierra blanca", de la editorial Ponent Mon. En ambos, el nexo común es la comida.

 De la información que he buscado para "Los años dulces" me quedo con lo publicado por Gerardo Bilches para Entrecomics y del que copio un extracto (quien quiera más, que pinche el enlace): "Se trata de la relación de una casi cuarentañera, Tsukiko, con un antiguo profesor ya jubilado con el que se reencuentra una noche por azar. No es por tanto la archiconocida historia de chico-conoce-chica a la que estamos acostumbrados: si algo tiene de bueno es que tópicos, los justos. Son dos personas maduras que se van conociendo poco a poco, sin arrebatos pasionales ni tremebundos giros de guión. Todo es reposado, lento, calmado. Es, ciertamente, una novela que parece escrita para el Taniguchi intimista."


 Lo que más me ha llamado la atención es este momento íntimo entre la joven y el antiguo profesor en el que ella va a la habitación de él. Parece que va a haber entre ellos un encuentro sexual y sin embargo, él está tratando de ajustar un haiku inspirado en la cena entre ambos, lo escriben, lo comentan y de paso lo compara a otro haiku de Bashô:

"la noche que cae sobre el mar
emblanquece
el graznido de los patos silvestres"

Conozco otras versiones de este haiku, pero me ha gustado  encontrar este precioso momento en el manga.

umi kurete
kamo no koe
honoka ni shiroshi

Se oscurece el mar.
Las voces de los patos
son vagamente blancas.


El segundo manga, "El gourmet solitario" es necesario leerlo con el estómago lleno. Y lo digo porque los platos que tan minuciosamente describe Taniguchi abren irremediablemente el apetito. Dan ganas de ir a Japón y pedir todas esas exquisiteces y comerlas junto al solitario protagonista. De algunas opiniones que he encontrado, con la que me siento más identificada es con la del lector impaciente, cuyo enlace os dejo y copio un extracto: "Taniguchi va esbozando con minuciosidad exquisita el retrato de su solitario protagonista del que capítulo a capítulo irá proporcionando detalles de su vida y personalidad para acabar conformando un retrato con el que probablemente se identifican muchos japoneses medios contemporáneos. 


 


Frente a la alienante realidad presente de trabajo autónomo, Taniguchi propone como vías de escape la evocación nostálgica del pasado –una constante en toda su obra- y el gusto por la observación de las pequeñas anécdotas cotidianas a las que añade, en el caso de esta obra, el momento de la comida como un instrumento reafirmante de la identidad y que resume en una de las frases finales de la obra, “Comemos luego Existimos”."


Uno de los momentos que más me ha gustado, aparte de las comidas y los pensamientos íntimos del gourmet, es esta escena en la que compra un cactus. Me parece muy japonés, muy wabi sabi. Os lo copio del manga:

"Los cactus habitan tristes desiertos adonde no llega el hombre. Por eso, si contemplas en solitario un cactus bajo la luz de la luna éste transmite la tristeza del desierto, así, directamente, y entonces, todas las preocupaciones que tuviste durante el día desaparecen".

Para todos a quienes os guste la cultura japonesa, os animo a leer estos dos manga porque estoy segura de que os encantarán, como me ha sucedido a mí.

1 comentario:

J.L. Vicent dijo...

Gracias por el post y los enlaces, Diente. También ese hk de Bashô es mi preferido; bueno, no sólo ese...

Un abrazo,

JL.Vicent

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