en mi ventana
algunas gotas de lluvia -
tarde de invierno
Yo no pretendía nada. Pero aquel cochazo paró delante de mí. Y yo tenía que pagar el alquiler. Y el tío que lo conducía me llamó.
No era nadie. Un tío bien vestido, presuntuoso, muy seguro de sí mismo. Y condenadamente guapo. Se alojaba en el Regent Beverly Wilshire, en el piso más alto, decía, porque era el mejor, aunque tenía vértigo. No sé cómo, me llevó a su habitación. Sabía qué era yo y creo que le avergonzaba que le vieran pasar conmigo en aquel hotel tan elegante, pero después pidió champán y fresas y no estuvo mal. Al día siguiente, inesperadamente, me contrató por una semana. Decía que estaba harto de que las mujeres lo sacaran loco... quería a una "profesional" a la que no le doliera la cabeza cuando a él le apeteciera y que lo dejara tranquilo después. Una semana por 3000 pavos. Yo lo hubiera hecho por menos. Y él me aseguró que hubiera pagado más. Ambos hicimos un buen negocio.
Trenes que echan humo, una estación llena de gente, la angustia de los trenes perdidos ... En medio de todo esto, dos amantes que se despiden: él insiste pero ella decide volver a una vida ordenada de ama de casa rica y respetable. La pasión del inicio puede convertirse en una convivencia con un hombre que le anticipa que discutirán y le pegará ("No, no me pegarás" "Sí lo haré. Soy italiano") y con quien la felicidad inicial volverá a convertirse en rutina.